Cinco Estrategias

En los próximos minutos compartiré cinco estrategias que podemos usar para identificar el origen de cosas que, de una u otra manera, nos afectan, física, mental y emocionalmente.

Nuestra mera existencia ya es en sí una aventura. No escogemos haber venido a este mundo. Tampoco tenemos la menor idea acerca de lo que pasa al morir, a no ser que nuestro cuerpo, tarde o temprano, se transforma en los mismos elementos básicos que se encuentran en la naturaleza. Fuera de esto, no tenemos la menor idea de qué pasa con el resto de lo que nos identifica como seres pensantes.

No hay indicios acerca de qué es lo que sucede en el momento inmediato después de perder signos clínicamente vitales. Sabemos que el cuerpo pasa por una serie de procesos que conllevan a su descomposición hasta terminar en elementos primordiales de los que está formada la materia física en el mundo y en el universo. Pero, ¿qué pasa con la parte de nosotros que no es físico?  Sencillamente, hasta ahora no lo sabemos.

Es incuestionable el hecho de que ignoramos muchas cosas. No tenemos idea del por qué venimos al mundo y qué pasa cuando partimos de él. Nadie tiene recuerdos conscientes o inconscientes anteriores al nacimiento. A medida que crecemos, desarrollamos la capacidad de captar y aprender de nuestro entorno. Al pasar el tiempo, adquirimos todo aquello que moldeará nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra identidad y nuestra conciencia.

La curiosidad es un acto mental que nos permite indagar en asuntos que nos llama la atención o que ignoramos. Algunos se han esforzado en entender y explicar, con razonamientos lógicos, cómo funciona el mundo físico y natural. El éxito obtenido de sus hallazgos ha contribuido al desarrollo científico, tecnológico y cultural de la humanidad. Pero todo comenzó como todas las cosas; es decir, de lo sencillo a lo complejo. El hombre asoció símbolos a conceptos. Por ejemplo: el cero lo asoció a la ausencia de cosas y el uno a la existencia de al menos un elemento; los conceptos “mayor que”, “igual que” y “menor que” fueron usados para comparar objetos entre sí; las expresiones “verdadero” o “falso” fueron usadas para declarar la validez o no de la verdad de las características asociadas a los objetos y a otras entidades naturales.

Por otra parte, al no conseguir respuestas convincentes y verificables acerca de fenómenos naturales, otros se han dado a la tarea de desarrollar ideologías y dogmas partiendo de sus propias opiniones que, por no ser universalmente aceptadas, han conllevado a la división de la humanidad y al enfrentamiento del hombre contra su semejante. Al carecer de evidencias reales, se emplea la amenaza, el engaño, la manipulación, el chantaje y el poder de la fuerza para imponer en la gente sus creencias y supersticiones.

A diferencia de las ciencias naturales, las especulaciones deben tratarse como tales. Son fuentes de conjeturas que carecen de evidencias implícitas. La intención de esta revista de consulta no es la de excluir las especulaciones de nuestras funciones cognitivas. Que quede claro que las ciencias han evolucionado a partir de ellas. Una vez que las ideas derivadas del pensamiento especulativo han podido ser verificadas una y otra vez por distintas entidades, estas pasan a ser parte del arsenal de teorías y leyes útiles para los avances científicos y tecnológicos.

A pesar de que individualmente no estamos en la posición de dominar todo el saber y el conocimiento colectivo de la humanidad, nada nos impide conocernos a nosotros mismos y conocer el entorno que nos rodea.

Nuestra salud física, mental y emocional depende de la cantidad y calidad de información válida acerca de cómo trabaja nuestro cuerpo y nuestra mente, y acerca de lo que nos daña y lo que nos proporciona bienestar. Por ejemplo, contamos con información acerca de alimentos que nuestro cuerpo necesita para reconstruir tejidos que se desgastan por el uso, así como de alimentos indispensables para mantener las células del cuerpo en buen estado y también alimentos útiles para que los distintos órganos del cuerpo trabajen en condiciones óptimas.

Mantener y cuidar el cuerpo y la mente en buen estado es responsabilidad de cada uno. Pero no debe ser una actividad agotadora ni estresante. Todo lo contrario, nos debería proporcionar satisfacción.

A continuación, compartiré algunas estrategias que pudieran ser útiles en el momento de crear hábitos que nos ayuden a vivir al máximo de nuestros potenciales físicos, mentales y emocionales.

Estrategia número uno: Causa y Efecto

Una causa es lo que ocasiona que algo suceda. Un efecto es el producto de la acción de ese algo. Si colocamos una olla con agua en una estufa encendida, eventualmente el agua se calentará y, con el paso del tiempo, el agua comenzará a hervir y a evaporarse. La alta temperatura de la estufa es inducida al agua, produciendo en ella cambios físicos.

Con respecto al agua, los efectos causados por el calor pueden ser reversibles. Lamentablemente, hay efectos que no pueden ser reversibles, como el caso de encender un pedazo de papel o encender bosques. Las cenizas del papel o de los bosques no pueden regresar a sus estados originales.

La aplicación de esta estrategia nos ayuda a tomar decisiones de tal modo que nuestros actos produzcan resultados edificadores y no destructivos. En el caso del cuerpo humano, la calidad y cantidad de alimentos que consumimos, determinará si beneficiará o no nuestra cálida de vida.

Las actividades diarias están sujetas a esta relación de causa y efecto. A medida que le pongamos la debida atención a este asunto, actuaríamos apropiadamente a fin de obtener resultados deseados.

Estrategia número dos: Aplicación del Sentido Común

Una inmensa cantidad de seres vivos contamos con cinco sentidos naturales. El sentido de la vista, del oído, del tacto, del gusto y del olfato. El cerebro recibe, almacena y analiza las informaciones que estos sentidos reciben constantemente al interactuar con el medio ambiente. Luego el cerebro envía señales al cuerpo para que éste reaccione de acuerdo a tales informaciones. El objetivo principal de todo esto es el de la sobrevivencia. El más apto, el que posea más y mejor información de su medio ambiente, es el que tiene más chance de sobrevivir.

El ser humano tiene el potencial de elaborar sanos y justos juicios basados en informaciones obtenidas a partir de las interacciones con el mundo exterior. La actividad de producir conclusiones derivadas de la realidad, es lo que llamamos “sentido común.”

Evitamos tocar una estufa encendida porque, de lo contrario, nuestro sentido del tacto mandaría señal de dolor al cerebro, propagándose por todo el cuerpo. El sentido de la vista o del olfato percibirían cambios de color o de olor de la estufa, alertándonos que la misma está encendida. Es así como nuestros sentidos o algunos de ellos trabajan juntos para enviarle al cerebro suficiente información a fin de que el individuo pueda tomar decisiones correctas. Esto se aplica a todas nuestras actividades diarias.

Estrategia número tres: Observación

Si enfocamos la atención en lo que pasa con la olla llena de agua que ponemos en la estufa encendida, notaríamos que la trasferencia de calor de la estufa al agua es gradual y la velocidad de transferencia del calor de la estufa al agua dependerá, entre otras cosas, de la calidad del metal de la olla y de la cantidad de agua en la misma. Luego notamos que en algún momento el agua está hirviendo porque la misma comienza a producir burbujas y vapor. Todas estas informaciones la obtenemos gracias a la acción de observar cuidadosamente lo que pasa al poner una olla de agua en una estufa encendida. De la misma manera adquirimos información al observar procesos más complicados.

A través de observaciones consientes, podemos notar la ausencia o la existencia de elementos o entidades, compararlos entre sí y validar el valor de verdad de las características asociadas a ellos. El conocimiento obtenido por este medio será de ayuda en la medida en que la observación sea rigurosa e independiente de nuestros prejuicios.

Estrategia número cuatro: Llegar a Conclusiones Objetivas

El conocimiento de algo o de alguien consiste en la cantidad de resultados obtenidos de la observación de las interacciones entre ese algo o alguien con su entorno, manteniendo a un lado nuestras propias opiniones y sentimientos.

Podemos decir con propiedad que tocar una estufa encendida o la olla llena de agua en la estufa encendida o el agua hirviendo en la olla puesta en la estufa encendida, viene acompañada con el riesgo de sufrir quemaduras dolorosas. Este ejemplo tan sencillo, nos enseña la importancia de reunir la mayor cantidad de información posible del mundo alrededor nuestro a fin de conducir nuestra vida con la menor cantidad de resultados indeseados.

Estrategia número cinco: Aplicar Acciones Correctivas

Sabiendo los riesgos de manipular una olla con agua puesta en una estufa encendida, buscamos la manera de protegernos en contra de quemaduras y evitamos exponernos al contacto directo con esos elementos bajo esas condiciones.

Las acciones correctivas suelen considerarse después de experimentar sus resultados indeseados. Compartir tales experiencias, evita que otros sufran daños que resulten del uso irresponsable de alimentos, equipos, y entidades con los que estamos diariamente en contactos.

Para terminar. Conocer nuestro cuerpo y el mundo con el que a diario interactuamos, resulta en altos dividendos y ganancias. Ciertamente no poseemos todo el conocimiento del mundo. Pero hay acceso a inmensa información que se ha acumulado durante cientos y miles de años por individuos que se han dado a la tarea de investigar y buscar respuestas a fenómenos inexplicables en sus momentos. Este conocimiento nos sirve para conocernos mejor y conocer el mundo en que vivimos.

El objetivo de esta revista de consulta es el de identificar aquellas cosas que ignoramos y recolectar suficiente información que nos permitan disfrutar más de la vida durante más tiempo posible.

©2021 eBiefy

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