El Propósito de la Vida

Nacer, crecer, reproducir y morir. Este es el ciclo de los seres vivos. La especie humana, perteneciente a la clase de los mamíferos, comparte el planeta tierra con aproximadamente 8.7 millones de especies. Sin embargo, después de examinar base de datos de secuencias de ADN, los expertos consideran que hay más o menos un trillón de especies en la tierra. Esta cifra es más que el número estimado de estrellas en la vía láctea.

La vida se expresa a través de organismos de diferentes formas y tamaños, localizados en el aire, en la tierra y en el agua de nuestro planeta. En el proceso de sobrevivencia del más apto, el código genético se enriquece por la constante interacción del medio ambiente y prevalece el organismo que use eficientemente los recursos y energía disponibles. Su código genético va modificándose para adaptarse al mundo exterior. Este nuevo código es trasmitido a las nuevas generaciones.

En el momento en que entidades bioquímicas comenzaron a reproducirse, nació la vida. Las primeras manifestaciones de vida aparecieron en la tierra hace aproximadamente 3.7 billones de años. Estas formas de vida consistían en microorganismos conocidos como microbios. La evidencia de la existencia de estos microbios se encuentra en estructuras de capas de sedimentos llamadas estromatolitos que datan cerca de 3.5 billones de años.

Los organismos multicelulares surgieron de la necesidad de procesar mayor cantidad de energía. Las células conectadas entre sí, se iban adaptando a las condiciones del medio ambiente y adquiriendo nuevas estructuras que le permitieran la búsqueda y el procesamiento de recursos energéticos. Los organismos que sobrevivían, pasaban su material genético a su siguiente generación. De esta manera surgieron organismos mucho más complejos en formas y funciones.

No deja de ser asombroso cómo han evolucionado y diversificado los microorganismos durante estos 3.5 billones de años hasta el punto de producirse más de 8.7 millones de especies, entre ellas el hombre. Todos los organismos han conservado el potencial de pasar a sus generaciones la información genética adquirida a través de millones de años, haciendo posible perpetuar la vida en el planeta.

Los seres humanos somos uno de los productos de este proceso bioquímico. A pesar de que la evolución no se ha detenido, no ha transcurrido suficiente tiempo como para ser testigos de cambios importantes en el genoma humano. Si embargo, la facultad de abstracción mental de los seres humanos ha evolucionado mucho más rápido. Estamos mejor equipado para crear y procesar ideas y conceptos, para explicar los fenómenos naturales en general y para entender el funcionamiento de los elementos fundamentales de nuestro mundo.

En los últimos 200 años hemos progresado enormemente, mejorando así la calidad de la existencia humana. Sin embargo, ha sido lenta la evolución del genoma humano en formar estructuras que faciliten conciencia colectiva de preservación de la vida y de sobrevivencia social.

En el cerebro humano se encuentran activos 7mil de los 20 mil genes de los que está formado el genoma humano. Estos 7 mil genes tienen que ver con el desarrollo de las funciones del cerebro, tales como nuestros movimientos, pensamientos, sentimientos y conductas.

La evolución acumulativa de los genes es directamente proporcional a la presión de la selección natural. En esto entra en juego el hecho de que el más apto tiende a sobrevivir. Los cambios genéticos de este proceso son transmitidos a las futuras generaciones.

La presión de selección natural en los humanos se mantiene activa. Esta presión irá en aumento en la medida en que se haga más difícil el acceso a alimentos y a recursos naturales que facilitan la actual calidad de vida en la mayoría de la población de la tierra. En el momento en que estos recursos se hagan más escasos o que desaparezcan, la lucha por sobrevivir será más urgente. Inevitablemente habrá cambios importantes en el cuerpo humano que afectará su conducta y la visión de su propósito.

La especie humana no es el centro de la naturaleza. Ni la naturaleza está bajo su total potestad. Somos parte de todo este proceso. Tenemos que reconocer que la vida en la tierra seguirá con o sin nosotros, entendiéndose como vida la capacidad que poseen los organismos bioquímicos de nacer, crecer, reproducirse y morir. Este hecho debería de por sí hacernos reflexionar humildemente acerca de la importancia de conservar el equilibrio de la naturaleza.

El propósito fundamental de la vida es el de perpetuar la vida misma. El código genético de los organismos es heredado por la siguiente generación en el momento de la reproducción.  Hay más de 8 millones de especies en la tierra. A través del tiempo ellas han adquirido facultades a fin de adaptarse a su medio ambiente. Algunos de estos ambientes son mortíferos para otras especies. Hay bacterias que sobreviven en el espacio exterior. Incluso, hay insectos que sobrevivirían una guerra nuclear.

El ser humano está en desventaja de sobrevivencia con respecto a otras especies. Nuestro cuerpo es muy frágil. No obstante, tenemos en nuestras manos el poder de destruirnos.

Referencias:

https://naturalhistory.si.edu/education/teaching-resources/life-science/early-life-earth-animal-origins

https://www.ninds.nih.gov/Disorders/Patient-Caregiver-Education/Genes-Work-Brain

https://www.yourgenome.org/stories/are-humans-still-evolving

https://jeevoka.com/8-animals-that-would-happily-survive-a-nuclear-war/s

https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_microorganisms_tested_in_outer_space

https://theconversation.com/will-humans-go-extinct-for-all-the-existential-threats-well-likely-be-here-for-a-very-long-time-135327

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